“Tu vida puede ser la única Biblia que otros lean”, tus actuaciones, el sendero correcto que debemos seguir. No sé si debería pedirle perdón por este reconocimiento porque todos sabemos de la sencillez de su espíritu y de lo poco amigo que es de los galardones, sin embargo, todo el grupo de Cáritas creemos que es algo necesario y obligado que los demás conozcan la labor de un cristiano ejemplar.
Hablo de un hombre ejemplo de Dios, ejemplo de fe, defensor de los derechos humanos, con una vida entregada a los pobres, cristiano con verdadero amor a Dios, con un corazón infinito, corazón de amor a la palabra de Dios, un hombre que luchó para hacer justicia en la desigualdad, sufridor de los pobres, sanador del dolor.
Todos los que necesitan ven en él algo muy especial, difícilmente de explicar. Es curioso que los más humildes sepan su nombre, y pregunten por él, le garantizo que queremos ser pobres para tenerle a nuestro lado.
Cada día un sol para alumbrar, una mano para ayudar, un rezo para luchar, un diálogo para fortalecer la Fe en Jesucristo, porque en verdad nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos. Una vida de enfrentamiento constante a los problemas de los demás, problemas que supo remediar desde la fidelidad a la palabra de Dios. Al igual que la madre Teresa, su corazón es el de un hijo para Dios, el de un juez para sí mismo y, para el prójimo, es un corazón de madre.
A estas alturas, decir que es generoso no es del todo cierto, él va más allá puesto que ser hospitalario con el otro no consiste sólo en darle un techo, sino en hacer que se sienta como en su casa, algo que este hombre ha puesto en práctica hasta las últimas consecuencias. Su hogar es el asilo de los más necesitados, asilo que no cierra y que siempre mantendrá abierto.
Y es que cuando ya ha entregado todo lo suyo, Dios le da algo nuevo para regalar; Cuando humanamente no le queda mucho que entregar, sigue siendo rico pues tiene grabada la mirada de Dios en su corazón para dirigirla a los demás y sus actos son amor de Dios para abrir esperanza ante la dura realidad”;
Su obra y su buen hacer es para este grupo de Cáritas obra de Dios. Un tesoro abierto a los humildes. Tesoro desconocido que se encuentra entre nosotros, un tesoro de felicidad que se aleja de lo material, un tesoro humano, un tesoro preocupado, y cargado de valentía ante los problemas de los más desfavorecidos. Pero hoy su camino de trabajo, de servicio, reflexión y de oración han hecho que este tesoro haya sido entregado y repartido entre todos nuestros corazones. Ese Tesoro es nuestro amigo Curro.
Todo cristiano debe conocer como actúa un verdadero cristiano; sus actos que se convierten en la luz y guía para la obra de todo aquél preocupado por ayudar al que más lo necesita, una labor dura y constante que siempre permanecerá entre nosotros ya que aunque se arranque los pétalos, no se le quitará nunca la belleza a una flor. Por todo ello, queremos agradecerle todas sus vivencias y su oración, su humildad y disposición siempre pensando sin dudar en el hacer por los demás. Su ejemplo crea un marco de motivación para este grupo que ya desde hacía tiempo esperaba poder dedicarle desde la humildad un acto de encuentro. Quiero acabar con una última frase que ilustra el hacer de este hombre. Y es que Él no tiene mensajes, el mensaje lo constituye su propia vida, la vida de un hombre valiente, de fortaleza inigualable y con una devoción por los demás que alcanza lo sagrado. Es la vida de Francisco Borrero, Curro.
Por: Fco. Miguel Martínez Torres
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